En Villa La Angostura, frente al lago Nahuel Huapi y rodeado por el bosque patagónico, Las Balsas Relais & Châteaux propone una manera distinta de entender la hospitalidad de alta gama. Aquí, el lujo no se define únicamente por el servicio, la gastronomía, el diseño o la belleza del paisaje, sino por la capacidad de generar una huella positiva en el entorno.
En un momento en el que el turismo de lujo atraviesa una transformación profunda, Las Balsas consolida en 2026 una visión clara: recibir huéspedes no es solo ofrecer una experiencia memorable, sino también cuidar el territorio, fortalecer la comunidad local y proteger los ecosistemas que hacen posible esa experiencia.
Desde hace años, el hotel viene trabajando sobre una premisa exigente: no alcanza con reducir el impacto. El verdadero desafío es regenerar, sumar valor y ser parte activa del destino. Esta mirada convierte a Las Balsas en un caso singular dentro de la Patagonia, donde la hospitalidad se integra con la naturaleza, la cultura local y una forma más consciente de viajar.
Como empresa certificada B, Las Balsas entiende que su propósito trasciende la operación hotelera. Su visión es “crear un mundo más humano, siendo la perfecta conexión con el entorno a través de la hospitalidad”. Esa definición no funciona como una frase institucional aislada, sino como una guía de gestión: cada decisión debe dialogar con el bienestar del huésped, el cuidado ambiental, el equipo de trabajo, los proveedores y la comunidad de Villa La Angostura.
Los valores que sostienen esta identidad también resumen la cultura de la casa: Bienestar, Apasionados, Líderes, Sustentables, Artesanos y Sensibles. En conjunto, forman una manera de hacer hotelería donde la excelencia no se separa de la responsabilidad.
Uno de los ejemplos más concretos de este camino es el Sendero Natural del Mallín, un recorrido de aproximadamente 1,5 km dentro de la propiedad, diseñado para conectar al huésped con uno de los ecosistemas más valiosos del entorno. El sendero atraviesa bosque de ñires, antiguos caminos recuperados, sectores de caña colihue, el gran coihue y espacios vinculados al bienestar, como la plataforma de yoga.
La intervención fue pensada con criterio de mínimo impacto. Se aprovecharon huellas existentes y solo se realizaron tareas livianas de limpieza de vegetación, cañas y troncos caídos, evitando afectar la flora autóctona. El objetivo no fue “crear” naturaleza para mostrarla, sino ordenar el acceso a un paisaje que ya existía y que necesitaba ser protegido, interpretado y puesto en valor.

El mallín es un tipo de humedal que puede encontrarse en regiones áridas y semiáridas de la Patagonia. Se desarrolla en zonas bajas donde se acumula agua de lluvia y escurrimiento superficial o subterráneo, cumpliendo un rol fundamental en la regulación hídrica, la conservación de biodiversidad y el equilibrio del paisaje. Cuidarlo es también cuidar una parte esencial de la identidad natural de Villa La Angostura.
En 2026, esta visión cobra una relevancia especial. Las Balsas llega a esta etapa con más de tres décadas de historia en la Patagonia, 30 años dentro de Relais & Châteaux y un posicionamiento cada vez más claro: demostrar que la alta hospitalidad puede ser compatible con una gestión consciente, local y regenerativa.
El turismo regenerativo, en la dimensión de Las Balsas, parte de dos ideas centrales. La primera es entender que el hotel no está aislado: forma parte de un destino turístico y de una comunidad. La segunda es asumir que su existencia debe contribuir positivamente al entorno natural y social, generando experiencias que no solo sean especiales para el huésped, sino también valiosas para el lugar que lo recibe.
Por eso, el concepto de huella positiva en la Patagonia ocupa un lugar central. Cada estadía tiene una dimensión más amplia que el descanso: impacta en el empleo local, en los proveedores regionales, en la reinversión dentro del hotel, en acciones comunitarias y en el cuidado de los ecosistemas que rodean la propiedad.
La gastronomía también forma parte de esta mirada. A través de productos de cercanía, cocina de estación y una relación cada vez más estrecha con productores patagónicos, Las Balsas busca que cada experiencia en la mesa exprese el territorio. La Patagonia no aparece como escenografía, sino como origen: en los ingredientes, en las historias, en los sabores y en la forma de recibir.
En este sentido, el lujo que propone Las Balsas es más profundo que la exclusividad tradicional. No se trata solo de acceder a un lugar bello, sino de comprenderlo. No se trata solo de contemplar el paisaje, sino de participar de su cuidado. No se trata solo de una estadía impecable, sino de una experiencia con sentido.
Este modelo responde también a una nueva sensibilidad del viajero contemporáneo. Cada vez más huéspedes buscan autenticidad, trazabilidad y coherencia. Quieren saber de dónde vienen los productos, cómo se relaciona el hotel con su comunidad, qué impacto genera su estadía y de qué manera su viaje puede contribuir al destino elegido.

Las Balsas se ubica precisamente en ese cruce: entre la excelencia hotelera, la naturaleza patagónica y una gestión con propósito. Su propuesta demuestra que el lujo del futuro no será el que se imponga sobre el territorio, sino el que aprenda a convivir con él.
En 2026, hablar de Las Balsas es hablar de una hospitalidad más humana, sensible y regenerativa. Un hotel que no solo recibe huéspedes frente al Nahuel Huapi, sino que los invita a formar parte de una manera más consciente de viajar. Una experiencia donde el descanso, la belleza y el servicio se integran con algo todavía más valioso: la posibilidad de dejar una huella positiva en la Patagonia.
Autor
Las Balsas Relais & Châteaux – Lucía del Campo